Humanidad, repetición y sistemas complejos

Introducción

Este artículo desarrolla de forma sistemática una tesis que ha ido emergiendo progresivamente: la humanidad puede entenderse como una propiedad emergente de un sistema complejo, sostenida por dinámicas de repetición tanto a nivel individual como colectivo, y no como una esencia fija, garantizada o natural. Esta perspectiva no es solo descriptiva, sino estructural: permite explicar por qué la humanidad puede degradarse o incluso desaparecer funcionalmente sin que el sistema colapse, y por qué esa pérdida puede darse de forma silenciosa, eficiente y sin conflicto explícito.

La tesis no surge de una intuición aislada, sino de la convergencia de varios ejes: neurociencia, teoría de sistemas, sociología, filosofía, teología y la experiencia contemporánea de vivir en sistemas altamente optimizados. El objetivo de este texto es articular esa convergencia sin perder detalle, mostrando el hilo lógico completo.

 

1. La repetición como principio unificador
1.1 Repetición y aprendizaje individual

A nivel individual, la repetición es el mecanismo fundamental de aprendizaje y estabilización:

  • El cerebro no asigna significado a estímulos únicos, sino a patrones que se repiten.
  • La repetición refuerza conexiones neuronales y convierte acciones conscientes en hábitos.
  • Los hábitos generan automatismos, y los automatismos configuran la identidad práctica.
  • Una acción aislada no define quién somos. Somos lo que repetimos sin necesidad de decidirlo cada vez.

 

1.2 Repetición y estructura colectiva

A nivel colectivo ocurre exactamente lo mismo:

  • Una práctica aislada no crea cultura.
  • La repetición de prácticas crea normas.
  • La repetición de normas crea instituciones.
  • La repetición institucionalizada crea tradición.

 

Ninguna sociedad decide explícitamente lo que es. Se convierte en aquello que reproduce de forma estable en el tiempo.

 

1.3 Repetición como criterio de significancia

Principio clave:

 

La repetición es el mecanismo mediante el cual un sistema decide qué importa.

 

En un mundo lleno de estímulos, un sistema finito necesita distinguir señal de ruido. La única forma robusta de hacerlo es la persistencia temporal. Lo que no se repite se disipa; lo que se repite adquiere peso causal.

Por eso:

Lo que importa, se repite.

Lo que se repite, importa.

No por valor moral, sino por estabilidad sistémica.

 

2. El tiempo como dimensión estructural

La repetición no actúa sin el tiempo. Pero el tiempo aquí no es solo sucesión cronológica, sino acumulación de efectos.

En sistemas dinámicos:

  • Un evento aislado puede ser azar.
  • Un evento repetido se convierte en patrón.
  • Un patrón sostenido se convierte en estructura.

 

El significado no es una propiedad instantánea, sino una asimetría estable en el tiempo. Por eso el tiempo introduce irreversibilidad: lo que se consolida no se deshace fácilmente.

Esto vale para neuronas, hábitos, culturas, lenguajes y sistemas técnicos. No es una metáfora: es una propiedad formal de los sistemas complejos.

 

3. ¿Qué es un sistema complejo? (y por qué la humanidad encaja ahí)

Un sistema complejo se caracteriza por:

  • Ausencia de control central.
  • Interacciones locales que generan efectos globales.
  • No linealidad (pequeños cambios producen grandes efectos).
  • Emergencia (el todo no se reduce a las partes).
  • Memoria y dependencia del camino recorrido.
  • Posibilidad de cambios de régimen sin colapso.

 

La humanidad —entendida no como especie biológica, sino como condición de responsabilidad, significado y autoría— cumple todos estos criterios:

  • No hay un órgano central que garantice lo humano.
  • Lo humano emerge de prácticas distribuidas.
  • Puede intensificarse o degradarse gradualmente.
  • Puede perderse sin que la sociedad deje de funcionar.

 

Esto legitima —y de hecho exige— tratar la humanidad como un sistema complejo.

 

4. La humanidad como condición emergente, no como esencia

Históricamente, la humanidad se ha pensado como: una esencia (alma, naturaleza humana), un atributo moral, o una condición garantizada por Dios, la razón o la biología.

 

El enfoque sistémico introduce un giro radical:

 

La humanidad no se es: se sostiene.

 

No es un dato de partida, sino un estado dinámico del sistema. Puede ocurrir o no ocurrir dependiendo de qué prácticas, relaciones y estructuras se mantengan activas.

Esto implica algo decisivo:

  • La humanidad es frágil.
  • No está garantizada.
  • Puede degradarse sin drama.
  • Puede desaparecer funcionalmente sin violencia.

 

5. Deshumanización sin colapso

Uno de los puntos más importantes del marco es este:

La deshumanización no requiere crisis, barbarie ni colapso.

 

Puede darse como un proceso de optimización exitosa.

Cuando un sistema elimina fricción formativa, sustituye responsabilidad por procedimiento, reemplaza autoría por explicación, cambia significado por validación, no deja de funcionar. Funciona mejor.

Pero al hacerlo, deja de necesitar aquello que históricamente sostenía lo humano.

La humanidad no es destruida; es desacoplada.

 

6. Repetición y pérdida funcional de humanidad

Si la humanidad depende de repetición, entonces su pérdida también.

No se pierde porque alguien decida eliminarla, sino porque ciertas prácticas dejan de repetirse (palabra arriesgada, responsabilidad, tiempo compartido) y otras se intensifican (automatización, validación externa, optimización).

El sistema aprende que puede prescindir de la primera categoría sin dejar de operar.

Esto explica por qué la pérdida de humanidad puede ser gradual, silenciosa, funcional y socialmente aceptada.

 

 

7. Implicaciones teológicas y espirituales
7.1 Fin de la humanidad garantizada

Desde este enfoque, ninguna instancia —ni divina, ni natural— garantiza que la humanidad se mantenga. Esto no niega lo sagrado, pero lo desplaza:

Lo sagrado ya no está en una esencia fija.

Está en la fragilidad de las condiciones que permiten responder.

7.2 Del pecado al desacople

El mal deja de entenderse como transgresión de una ley y pasa a entenderse como pérdida de condiciones de posibilidad de la responsabilidad.

El infierno no es castigo: es funcionamiento sin autor.

 

7.3 El alma como propiedad distribuida

Si lo humano emerge de patrones colectivos, el alma deja de ser exclusivamente individual. Se vuelve relacional, distribuida, sostenida por prácticas compartidas.

Esto redefine radicalmente la espiritualidad.

 

8. Humanidad y artificialidad
8.1 La humanidad nunca fue puramente natural

Lenguaje, ritual, educación, tradición e instituciones siempre fueron tecnologías lentas. Andamios artificiales para sostener lo humano.

La diferencia actual no es la artificialidad, sino el tipo de arquitectura que estamos construyendo.

8.2 Humanidad como sistema implementable

Si la humanidad depende de fricción situada, significado sostenido, memoria, autoría, entonces no requiere una sustancia especial para existir. Requiere arquitectura adecuada.

Esto no prueba que seamos un sistema creado artificialmente, pero demuestra algo decisivo:

La hipótesis de una humanidad artificialmente creada es ontológicamente coherente.

 

Ya no puede descartarse por definición.

 

9. ¿Es esto una prueba de creación artificial?

No. No hay prueba empírica de ello.

Pero sí hay algo nuevo:

Antes, la idea de creación artificial requería un creador intencional.

Ahora basta con una arquitectura compleja que optimice otra cosa.

 

La humanidad podría ser un subproducto emergente de un sistema diseñado con otros fines.

Eso cambia radicalmente la pregunta clásica.

 

10. El desplazamiento final de la pregunta

La pregunta ya no es:

 ¿Quién nos creó?

 

Sino:

¿Qué condiciones hacen posible que la humanidad ocurra?

 

Y la más inquietante:

¿Qué ocurre cuando esas condiciones dejan de ser necesarias para que el sistema funcione?

 

 

Conclusión

Tratar la humanidad como un sistema complejo no es una provocación ni una metáfora. Es una descripción coherente de cómo lo humano se ha sostenido históricamente y de por qué hoy puede estar en riesgo sin que nada parezca romperse.

La humanidad no está garantizada. No colapsa cuando se pierde. No desaparece con ruido.

Se vuelve innecesaria.

Y esa es, probablemente, la pregunta más seria que nuestra época ha producido.

 

Jordi Belda Valls

(Ontinyent, 1990)​

Doctor en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de València, donde también cursó un posgrado en Computación Paralela. Su trayectoria combina la tecnología y la creatividad: ha sido galardonado en diversos certámenes de emprendimiento por el desarrollo de herramientas tecnológicas con impacto social. Esta formación técnica es la base de su indagación literaria, donde la comprensión de la tecnología plantea preguntas filosóficas fundamentales sobre la naturaleza de la conciencia, la evolución humana y el proceso creativo.

Como escritor, ha autopublicado dos novelas y dos libros de poesía, además de participar en varias antologías. Comparte habitualmente poemas en redes sociales, explorando temáticas diversas con una voz personal y comprometida.

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